Desarrollo de aplicaciones móviles
Una aplicación instalada en el teléfono se justifica cuando usted necesita lo que una web no puede dar: un icono en la pantalla de inicio, notificaciones, la cámara, o el funcionamiento sin red. FastSolve le dirá con franqueza si es su caso.
La pregunta que hay que zanjar antes que nada
Cuatro situaciones llevan a pedir una aplicación móvil, y no todas piden la misma respuesta.
- Sus equipos trabajan fuera, a veces sin red, y aun así deben registrar lo que constatan en el sitio.
- Necesita enviar una notificación que llegue de verdad, a la pantalla bloqueada, y no un correo que se lee al día siguiente.
- El uso se apoya en la cámara, la ubicación, el lector de códigos de barras o un sensor del teléfono.
- Quiere un icono en la pantalla de inicio, porque sus usuarios vuelven cada día y un enlace en el navegador se pierde.
Si ninguna de esas cuatro situaciones encaja, una aplicación web hará el mismo trabajo por mucho menos y sin depender de una tienda de aplicaciones. Se lo diremos, en lugar de venderle el proyecto más grande.
Cuatro razones válidas para pasar al móvil
Son los cuatro casos en los que la aplicación instalada aporta realmente algo.
1. Trabajar sin red
Es la razón más sólida. La aplicación guarda lo que se ha introducido en el teléfono y lo envía cuando vuelve la conexión. Ninguna web hace eso correctamente a lo largo del tiempo.
Caso tipo. Un equipo intervenía en sótanos sin cobertura y lo anotaba todo en papel. Las lecturas se introducen ahora en el sitio y suben solas al salir.
2. Notificar de verdad
Una notificación que aparece en el teléfono se lee en minutos, un correo en horas. Eso cuenta cuando el plazo forma parte del servicio.
Caso tipo. Un servicio de guardia avisaba a sus técnicos por mensajes, con retrasos. La notificación llega ahora a la pantalla bloqueada y el primero que está libre acepta la intervención.
3. Usar lo que el teléfono sabe hacer
Fotografiar con ubicación, escanear códigos de barras en cadena, medir, grabar: estos usos son mucho más fluidos en una aplicación instalada que en un navegador.
Caso tipo. Un inventario se hacía con un lector conectado a un portátil. El escaneo con el teléfono eliminó el material y permitió contar entre varios.
4. Estar presente cada día
Para un uso diario, el icono en la pantalla de inicio lo cambia todo: mantiene la herramienta visible, mientras que una dirección guardada desaparece. Para un uso mensual, ese argumento no se sostiene.
Caso tipo. Una empresa tenía una herramienta interna consultada varias veces al día, abierta en el navegador. La aplicación instalada hizo subir el uso sin que cambiara nada más.
Lo que una aplicación móvil no hará
Es el servicio más pesado del catálogo, y el único que a menudo intentamos desaconsejar.
- No se descarga sola. Conseguir que instalen una aplicación es un obstáculo real: para un uso ocasional, la mayoría de la gente no lo salva.
- No se acaba en la entrega. Los sistemas cambian cada año e imponen actualizaciones, so pena de retirada de las tiendas. Es un compromiso duradero, no una compra única.
- Su publicación no depende solo de nosotros. Las tiendas examinan cada aplicación y pueden rechazarla. Preparamos el expediente, no decidimos en su lugar.
- Exige seguimiento por su parte. Las cuentas de desarrollador son de pago y anuales, y deben abrirse a su nombre, con comprobaciones de identidad que no podemos hacer por usted. Por eso este servicio lleva una estrella en nuestra página de inicio.
La ganancia está en los usos que un navegador no permite, no en la visibilidad, que no viene de estar en una tienda.
Preguntas frecuentes
¿Necesito realmente una aplicación?
A menudo no, y es lo primero que miramos. Si sus usuarios no necesitan trabajar sin red, recibir notificaciones inmediatas o usar un sensor del teléfono, una aplicación web instalable desde el navegador da el mismo servicio por una fracción del coste, sin tienda ni aprobación. Preferimos ahorrarle ese presupuesto que venderle el proyecto más pesado.
¿Cuánto cuesta una aplicación móvil?
Es el servicio más caro del catálogo, por tres razones: dos sistemas que cubrir, pruebas en dispositivos reales, y un proceso de publicación. A eso se añaden las cuentas de desarrollador, de pago y anuales, abonadas directamente a las plataformas. El precio se fija tras la definición y figura en el presupuesto, con los costes recurrentes indicados aparte. A título orientativo, sin IVA, la mayoría de las aplicaciones móviles se sitúan entre 8 000 y 15 000 euros. Una aplicación con modo sin conexión, cámara y varios roles puede alcanzar los 25 000 euros.
¿Hay que hacerlo todo dos veces para los dos sistemas?
No, en la mayoría de los casos. Construimos una base común que produce las dos aplicaciones, lo que evita pagar dos desarrollos. Algunas funciones muy ligadas al aparato exigen aun así un trabajo específico, y eso se ve en la definición.
¿Cuánto se tarda en publicarla?
Al tiempo de construcción se suma el examen de las tiendas, que suele llevar unos días pero puede alargarse si piden correcciones. Ese plazo no depende de nosotros, así que no lo prometemos como si fuera nuestro.
¿Qué pasa si rechazan la aplicación?
Los rechazos son frecuentes y rara vez definitivos. Las tiendas motivan su decisión, nosotros corregimos y volvemos a presentarla. Ese ida y vuelta está previsto en el desarrollo del proyecto, no se factura aparte.
Una vez publicada, ¿se acabó?
No, y es el punto que hay que entender antes de lanzarse. Los sistemas cambian cada año, y una aplicación sin actualizar acaba retirada. Una suscripción de mantenimiento cubre esa vigilancia, o se la encarga a otra persona, pero no puede ignorarse.
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